La Alta Edad Media se considera generalmente el período que va desde la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 hasta aproximadamente el año 1000.
En términos más concretos:
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Inicio: 476 d.C., cuando Roma cae y se producen los reinos germánicos en Europa occidental.
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Fin: alrededor del año 1000, antes del inicio de la Plena Edad Media o Edad Media Central, caracterizada por el fortalecimiento de los reinos, el feudalismo más consolidado y el auge de las ciudades.
Un territorio de ríos, tierras fértiles e inseguridad constante
Cuando hoy paseamos por Bellvitge, entre bloques de viviendas, avenidas y hospitales, cuesta imaginar que durante siglos este mismo espacio fue un territorio rural, abierto y vulnerable, marcado por el ritmo del río Llobregat y por una Edad Media tan dura como fascinante.
Para comprender el origen de Bellvitge y L’Hospitalet de Llobregat, hay que retroceder a la Alta Edad Media, entre los siglos X y XIII, cuando estas tierras formaban parte de la Provençana, un amplio territorio del Baix Llobregat, en la Cataluña medieval.
Mucho antes de que existieran los barrios actuales, este territorio era un espacio rural marcado por la fertilidad de la tierra, la inseguridad constante y una sociedad que aprendía a organizarse para sobrevivir.
La Provençana medieval: vivir entre la riqueza y el peligro
La gran riqueza de la zona era la fertilidad de la tierra. El río Llobregat, cuando se desbordaba, dejaba sedimentos que hacían los campos muy productivos. Gracias a ello se cultivaban cereales y otros productos básicos para la subsistencia.
Pero esta riqueza tenía un precio. Las inundaciones creaban estanques de agua estancada y lodo que con el tiempo se convertían en focos de epidemias y malaria. Vivir en la Provençana medieval significaba convivir con la enfermedad, la incertidumbre y una naturaleza tan generosa como implacable.
El paisaje medieval de la Provençana
Durante siglos, la fertilidad de las tierras del Baix Llobregat estuvo directamente ligada al río. Cuando el Llobregat se desbordaba, aportaba sedimentos que enriquecían los campos, pero también dejaba tras de sí estanques de agua y lodo que con el tiempo se convertían en focos de epidemias y malaria. Vivir aquí significaba convivir con la abundancia… y con el riesgo.
En la Alta Edad Media, entre los años 984 y 999, la documentación conservada muestra una realidad sorprendente: en el término de L’Hospitalet – la Provençana apenas había unos 20 propietarios, tanto en la zona deltaica como en la montaña. Las tierras estaban solo parcialmente cultivadas y pertenecían sobre todo a religiosos y grandes propietarios laicos. Los campesinos tardarían todavía en aparecer en los documentos escritos.
Amalvigia: el nombre que dio origen a Bellvitge
Uno de esos pergaminos, fechado en el año 995, menciona a una mujer llamada Amalvigia, propietaria de tierras en el territorio. Este dato, aparentemente menor, es clave para entender el origen de Bellvitge.
Con el paso del tiempo, el nombre de Amalvigia fue transformándose:
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En el siglo XI, aparece como Malvige, ya con iglesia propia.
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En el siglo XIII, el topónimo evoluciona a Benvige.
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Finalmente, se fija el nombre de Bellvitge, que ha llegado hasta nuestros días.
Así, el nombre de nuestro barrio hunde sus raíces en la Edad Media, vinculado a la propiedad de la tierra, a una iglesia .
Es el resultado de siglos de transformaciones lingüísticas y sociales, ligadas a la tierra y a la religión.
Pocos habitantes, muchos cambios
En el siglo XI apenas aparecen dos o tres habitantes identificados por su nombre en todo el término municipal:
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Un clérigo de la Provençana
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Un sacristán de la catedral de Barcelona
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Un propietario llamado Ramon Bernat
Un territorio que empieza a organizarse
A partir de la segunda mitad del siglo XII y comienzos del XIII, el territorio de L’Hospitalet de Llobregat comienza a estructurarse mejor. Ya se pueden distinguir claramente tres zonas principales:
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El entorno de la iglesia de Santa Eulalia de Provençana, núcleo religioso y social.
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La zona del hospital de la Torre Blanca, cerca de Cornellà, un punto clave para viajeros y caminantes.
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Las tierras de la Marina, más accesibles y ligadas a la vida agrícola.
Año 1257: armas en casa y el Somatent
La Edad Media no fue una época tranquila. En el año 1257, el rey Jaume I dio la orden a los habitantes del Baix Llobregat de tener armas en sus casas para defender los pueblos. La causa era clara: la presencia de ladrones, raptores y un clima general de inseguridad.
Así nació el Somatent, una milicia popular formada por todos los hombres adultos físicamente aptos, con carácter obligatorio. Sus dirigentes, llamados capitanes, se elegían cada año. En la Provençana había uno o dos capitanes por distrito: L’Hospital y el Prat deçà l’aigua.
A partir de 1260, la situación se agravó con una crisis social y política: parte de la nobleza se rebeló contra el rey, y esta inestabilidad afectó directamente a los habitantes de L’Hospitalet y el Baix Llobregat, obligados a organizar su propia defensa. Obligados a defender sus tierras y su forma de vida.
El legado visigodo en Cataluña y España
Aunque los visigodos habían desaparecido siglos antes, como poder político , su influencia seguía muy presente en la Edad Media catalana y española. Su mayor legado fue el derecho, con textos como el Código de Eurico o el Liber Iudicum, que influyeron durante siglos.
También dejaron huella en el lenguaje: nombres propios como Alfred o Arnau, vocabulario militar y palabras cotidianas, además de topónimos que aún hoy forman parte del paisaje catalán.
Además de algunas otros palabras como fresa, moreno, colada y topónimos como Geltrú o Areny.
La actual L´Hospitalet de Llobregat , representado en un mapa en 1640
Conocer la Edad Media en Bellvitge y L’Hospitalet de Llobregat es entender que nuestra ciudad se construyó lentamente, a lo largo de siglos de trabajo, enfermedad, fe, conflicto y comunidad. Se construyó lentamente, entre ríos, campos, inseguridad y personas que lucharon por sobrevivir.
Bajo las calles actuales de Bellvitge hay campos medievales, caminos antiguos y nombres olvidados, pero también el esfuerzo de generaciones que hicieron posible el territorio que hoy habitamos.
💬 ¿Te habían contado alguna vez esta historia?
Si conoces tradiciones, relatos familiares o curiosidades sobre el pasado de Bellvitge, la Provençana o L’Hospitalet de Llobregat , te invito a compartirlas en los comentarios. La historia local sigue viva mientras se cuenta.




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