viernes, 9 de enero de 2009

6- Bellvitge y L´Hospitalet de Llobretat en el siglo XVIII: memoria de huerta, agua y ermita




El mapa de Cataluña de Daniel de la Feuille, editado en Ámsterdam el año 1706. Bajo el título de "Principauté de Catalogne", aparecen los lugares destacados del Principado junto con algunas representaciones de las mayores fortificaciones de Cataluña.

Cuando se habla del siglo XVIII en Cataluña, casi todo gira alrededor de 1714, la caída de Barcelona y los Borbones. Es lógico. Pero cuando uno mira la historia desde Bellvitge, desde el suelo que pisamos cada día, la sensación es otra muy distinta: aquí los grandes acontecimientos llegaron tarde, diluidos, y a veces solo como rumores lejanos.

En el siglo XVIII, Bellvitge no era un barrio, ni siquiera un núcleo de población. Era tierra. Literalmente.



Un país que cambia… y un territorio que resiste

España entró en el siglo XVIII sacudida por la Guerra de Sucesión y salió convertida en un Estado centralizado bajo los Borbones. Cataluña perdió sus instituciones con los Decretos de Nueva Planta, y eso marcó su historia política durante generaciones.

Pero mientras todo eso ocurría, en el llano del Llobregat la vida seguía marcada por otras prioridades mucho más básicas:

  • sembrar,

  • regar,

  • protegerse de las riadas,

  • y sobrevivir a las enfermedades de las zonas pantanosas.

Esto no es una opinión: lo confirman los documentos municipales, estudios históricos locales y notas divulgativas del Ayuntamiento de L’Hospitalet, que insisten en el carácter agrícola del término hasta bien entrado el siglo XIX.



L’Hospitalet en el siglo XVIII: un municipio de masías

En el centro de la imagen, se puede ver "Ospitalet", se aprecian algunos elementos, como las casas alrededor de la parroquia, aunque con el aura minimalista que rodea la escena debido al tamaño de conceptos que quiere representar la obra . 

Cal Vielet del Garro-foto museo historia L´H .

Cal Bielet del Garro -foto museo historia L´H

Cal Tres -foto museo historia L´H

🌾 Intensificación de la agricultura

Durante el siglo XVIII se produjo una intensificación de la agricultura, que se tradujo en un aumento notable de la producción, no solo en cantidad, sino también en calidad y variedad de los cultivos. Este cambio no fue casual, sino consecuencia directa de varios factores determinantes.

En primer lugar, fue clave la desecación y limpieza de terrenos pantanosos, especialmente en zonas bajas como el delta del Llobregat. Estas actuaciones permitieron ganar nuevas tierras de cultivo y mejorar las condiciones sanitarias, reduciendo enfermedades asociadas a las aguas estancadas.

También se produjo una mejora progresiva de las técnicas agrícolas, con un mejor aprovechamiento del suelo, una organización más eficiente de los cultivos y un conocimiento más preciso de los ciclos agrícolas, transmitido de generación en generación.

Por último, se inició y consolidó el regadío hortícola, gracias a la ampliación y mantenimiento de acequias y canales. El acceso regular al agua permitió diversificar los cultivos, introducir hortalizas de mayor valor y asegurar cosechas más estables, sentando las bases de la futura huerta intensiva del entorno de Bellvitge y L’Hospitalet.


Caminos y comunicación en el territorio de Bellvitge y L’Hospitalet .


En la época medieval y hasta bien entrado el siglo XVIII, el sistema de comunicación en L’Hospitalet y Bellvitge estaba marcado por la geografía: los caminos naturales seguían el curso de torrentes y rieras, perpendicular a la línea de la costa, mientras que los caminos artificiales se construían según las necesidades de transporte y de las comunidades locales.

Uno de los ejes más importantes fue el camino del Mig , citado por primera vez en 1210. Este camino atravesaba la zona cercana a la Marina y corría paralelo a la antigua vía romana, conectando distintos núcleos de población y facilitando el comercio y el movimiento de personas. Muchos de estos caminos históricos aún se pueden reconocer hoy en la región, como la Riera Blanca y el Torrente Gornal, testigos de la organización territorial medieval.

Con el tiempo, los intereses de los habitantes de la Provençana , situados en ambas márgenes del Llobregat , comenzaron a divergir . Esto llevó a la formación de una comunidad diferenciada conocida como “els Della”, mostrando cómo la geografía , los caminos y el río condicionaban la vida social y económica del territorio que hoy ocupa Bellvitge y L’Hospitalet de Llobregat.


Ca l´Ernesto de la Vidola-foto museo historia L´H

En el siglo XVIII, L’Hospitalet de Llobregat era un pequeño municipio rural, formado por:

  • masías dispersas,

  • caminos de tierra,

  • acequias,

  • y campos de cultivo aprovechando el delta del Llobregat.

No había industria.
No había crecimiento urbano.
Había trabajo duro y dependencia absoluta del río.

Las fuentes municipales recuerdan que no será hasta finales del XVIII y sobre todo en el XIX cuando aparezcan las primeras actividades manufactureras. Hasta entonces, el paisaje era esencialmente agrícola.



Bellvitge: cuando todo era huerta

Aquí conviene ser muy claro, porque a veces la memoria se distorsiona:

👉 En el siglo XVIII, Bellvitge era huerta. Solo huerta.

El territorio que hoy ocupa el barrio formaba parte de una gran llanura agrícola:

  • fértil,

  • baja,

  • y muy expuesta a las inundaciones del Llobregat.

Las notas históricas locales y artículos de prensa cultural coinciden en que esta zona fue durante siglos un espacio difícil de dominar, con tierras productivas pero también insalubres. Eso explica por qué no se desarrolló un núcleo urbano estable hasta el siglo XX.



La ermita de Santa María de Bellvitge: el verdadero centro histórico

Si hay un elemento que permite hablar de Bellvitge en el siglo XVIII con nombre propio, ese es la ermita de Santa María de Bellvitge.

Lo que dicen los datos

  • La ermita tiene orígenes medievales documentados.

  • Durante el siglo XVIII fue reconstruida, probablemente tras daños provocados por riadas.

Bajo el actual templo de la ermita de Bellvitge se conservan hasta cinco metros de altura de restos de construcciones anteriores, superpuestas a lo largo de los siglos, hasta llegar al nivel de suelo que se pisaba en la Alta Edad Media.

Este dato es especialmente revelador: significa que el templo barroco actual, levantado en el siglo XVIII, no se construyó a ras de tierra, sino a la altura aproximada del techo del edificio anterior. La ermita que hoy vemos es, literalmente, el resultado de una acumulación histórica, fruto de sucesivas reconstrucciones motivadas por el paso del tiempo, las riadas del Llobregat y la necesidad de elevar el edificio para protegerlo.

Desde mi punto de vista, este hecho convierte a la ermita de Bellvitge en un auténtico archivo vertical de la historia del territorio, donde cada metro de altura representa una etapa distinta de ocupación humana. No es solo un edificio religioso: es una prueba material de la continuidad histórica de Bellvitge mucho antes de que existiera el barrio.

  • La estructura barroca popular que conocemos hoy se consolida en esa época.

Estos datos aparecen repetidamente en:

  • fichas de patrimonio cultural,

  • publicaciones divulgativas,

  • y artículos históricos sobre L’Hospitalet.


Mi opinión (y aquí me posiciono)

Para entender Bellvitge, hay que entender que la ermita no era un complemento del territorio: era el territorio.

En medio de campos, agua y caminos, la ermita:

  • daba nombre al lugar,

  • marcaba el espacio,

  • y ofrecía un punto de referencia físico y emocional.

Mientras no había calles ni casas, la ermita ya estaba ahí.
Mientras no había barrio, ya había identidad.


Un lugar de fe, pero también de supervivencia

En el siglo XVIII, la religiosidad no era solo espiritual. Era práctica. La ermita servía para:

  • pedir protección contra inundaciones,

  • rogar por las cosechas,

  • mantener una cierta cohesión social entre campesinos dispersos.

Esto no se entiende hoy sin caer en el tópico, pero en aquel contexto la ermita era seguridad en un territorio inestable.


Un paisaje que apenas cambió durante 200 años

Uno de los datos que más impresiona cuando se estudia Bellvitge es este:


📌 El paisaje del siglo XVIII se mantuvo casi igual hasta los años 50 del siglo XX.

Eso lo confirman:

  • estudios urbanísticos,

  • artículos de prensa histórica,

  • y testimonios gráficos previos a la urbanización.

Durante más de dos siglos:

  • huerta,

  • ermita,

  • caminos,

  • y silencio.

Luego, en apenas una década, todo cambió.


Mirar el siglo XVIII desde Bellvitge (y no desde Madrid)

Desde aquí, el siglo XVIII  no es solo Felipe V ni la Nueva Planta.
Es:

  • tierra trabajada,

  • agua desbordada,

  • y una ermita resistiendo.



Creo sinceramente que la historia de Bellvitge se ha contado demasiado desde arriba y muy poco desde el suelo. Recuperar el siglo XVIII es recuperar esa memoria lenta, incómoda y profundamente humana.

Y eso también es hacer historia.












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