La historia de Bellvitge, en pleno Hospitalet de Llobregat, esconde secretos fascinantes que nos transportan al siglo XIII. La ermita de Bellvitge, centro espiritual y social de la zona, fue mucho más que un edificio religioso: testigo de la vida dura de los pageses, de inundaciones, de campanas que alertaban a toda la Marina y de curiosas tradiciones que han llegado hasta nuestros días.
De Malvitge a Bellvitge: el cambio de nombre
La construcción de la ermita de Bellvitge coincide con un momento clave: el cambio del nombre de la zona. Antiguamente conocida como Malvitge (“mal viaje”), se empezó a llamar Bellvitge (“buen viaje”), posiblemente para dar un giro positivo y asociarlo a la nueva capilla que se construía a comienzos del siglo XIII.
Aunque del edificio primitivo no queda nada visible hoy, excavaciones y documentos muestran que la zona ya contaba con actividad religiosa vinculada a las masías cercanas.
La vida en la Marina: dura, aislada y llena de desafíos
Cal Miquel del Ros masia ,conocid ultimamente como Can Famades - foto- Elena Viusa i Viñals
En el siglo XIII, la vida en la Marina no era nada fácil. Los aiguamolls (pantanos) dificultaban el paso y en verano se convertían en focos de insectos que propagaban fiebres palúdicas. Estas condiciones perduraron hasta finales del siglo XIX, cuando incluso se prohibió el cultivo de arroz por los peligros de los estancamientos de agua.
Masia S. XIII Cal Ramonet Duran- foto Museo d´historia de L´h
Los pagès vivían en masías dispersas, aisladas, sujetas a inundaciones y lluvias torrenciales. Algunas de las masías más conocidas por documentos de la época son Guardiola, Feixas, Belpas, Olivaria, Rodimilans, Serra, Hulmo y Turull, cuyos nombres han llegado hasta nosotros gracias a los pergaminos medievales.
Cal Bonet Vall -foto museo de historia L´H
La ermita: campanas, protección y vida social
Según el historiador del delta Jaume Codina, la construcción de la ermita pudo responder también a una necesidad práctica: avisar mediante campanadas a los habitantes de la Marina sobre bandidos, riadas o para convocarles a fiestas.
La red de campanas incluía no solo la de Bellvitge, sino también las de Sant Pau del Prat y la pequeña capilla del Hospital. Funcionaban como un “sistema de comunicación” medieval, similar al tam-tam de la selva o a la radio moderna, alertando a la población esparcida por la zona.
Investigación arquitectónica: secretos bajo el suelo
En 1977, una investigación arquitectónica de la ermita reveló interesantes secretos:
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A partir del metro y medio de profundidad se encontró un material distinto que sugería arcos de un techo anterior, más bajo.
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Se realizaron excavaciones de tres metros, descubriéndose tres enracholados superpuestos, evidencia de cómo los pageses habían ido elevando el suelo para evitar que las lluvias convertieran la ermita en un lago.
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Originalmente, el campanario debía tener varios metros de altura, y la fachada del templo probablemente era gótica o de un románico tardío, diferente al estilo barroco actual.
Tradiciones y curiosidades de la ermita
La ermita no solo servía para la protección y alerta: también era un lugar de rituales sociales y de esperanza. Las jóvenes querían ser administradoras de la capilla, pues la tradición decía que ayudaba a conseguir marido. Los viajeros se detenían para pedir protección y dar gracias al llegar sanos y salvos, convirtiendo la ermita en un referente cultural y espiritual en el corazón de la Marina de Bellvitge.
Conclusión
La ermita de Bellvitge es mucho más que un edificio religioso: refleja la vida de los pageses , la lucha contra inundaciones, la construcción de identidad del barrio y curiosas tradiciones sociales. Desde el cambio de nombre de Malvitge a Bellvitge, hasta la red de campanas y los secretos arquitectónicos bajo su suelo, este lugar sigue siendo un testimonio vivo del pasado medieval de Hospitalet de Llobregat.



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