viernes, 13 de marzo de 2026

Torre Gran y Bellvitge: memoria agrícola olvidada en la ciudad del futuro


Promesas incumplidas, paredes caídas: el abandono de la Torre Gran y el fracaso municipal

Bellvitge no es solo bloques, avenidas y autopistas. Es historia, memoria, identidad. Y en medio de su expansión urbana, la Torre Gran se cae mientras se sueña con el Biopol‑Granvia, el gran proyecto de innovación de L’Hospitalet. Esta masía agrícola del siglo XIX es más que un edificio: es el último testigo del pasado rural de Bellvitge, y su deterioro habla de abandono institucional, promesas vacías y prioridades equivocadas.



Bellvitge pierde su memoria: la Torre Gran como testigo histórico

La masía Torre Gran en una imagen del año 2001 (fotografía del Ayuntamiento de L’Hospitalet de Llobregat). Ya entonces el edificio mostraba signos evidentes de deterioro, pese a estar catalogado como patrimonio arquitectónico protegido dentro del Plan Especial de Protección del Patrimonio Arquitectónico de la ciudad.

Durante décadas, la Torre Gran organizó la vida de la Marina de L’Hospitalet, abasteciendo de verduras y cereales a los mercados de Barcelona y siendo el corazón económico y social de la zona. La masía contaba además con espacios educativos, pues en algún momento funcionó como colegio de franciscanos, y su estilo arquitectónico refleja eclecticismo y tradición agrícola catalana, con una combinación de materiales y elementos típicos del siglo XIX. Cada rincón narraba la historia de Bellvitge antes de los bloques y avenidas modernas: los huertos, las acequias, los caminos rurales. La masía era memoria viva de un paisaje que hoy casi no existe.

La Torre Gran en 2009 (fotografía de la AA.VV de Bellvitge ) . Ocho años después, el estado de abandono continuaba siendo evidente. Las grietas, el deterioro de la cubierta y la falta de intervención anunciaban lo que muchos temían: que sin una actuación urgente el edificio histórico acabaría derrumbándose.

Imagen tomada en mayo de 2025 entrando en L’Hospitalet de Llobregat. A un lado de la carretera todavía se podía ver la masía Torre Gran con uno de sus laterales en pie, pese al evidente estado de deterioro. Una escena que ya entonces mostraba la fragilidad de un edificio histórico protegido que llevaba años esperando una intervención que nunca llegaba.

Era más que un edificio: era un testigo del cambio de la ciudad, un punto de referencia que conectaba la vida urbana de Barcelona con su pasado rural. Las masías como la Torre Gran no solo producían alimentos: eran centros de cultura, aprendizaje y organización social de la Marina. Su desaparición significa perder no solo una fachada antigua, sino un fragmento de la memoria colectiva de Bellvitge.



Patrimonio protegido… pero ignorado

Hay lugares que hablan más de una ciudad que cualquier discurso institucional. La Torre Gran está catalogada oficialmente como Bien Cultural de Interés Local (BCIL) y forma parte del PEPPA, el Plan Especial de Protección del Patrimonio Arquitectónico de L’Hospitalet, aprobado inicialmente en 1985 y actualizado en 2001.

Estas normativas reconocen su valor histórico, arquitectónico y cultural, y establecen la obligación de proteger y mantener edificios emblemáticos de la ciudad.

 Sobre el papel, eso significa que el edificio forma parte del patrimonio protegido de la ciudad. Significa que su valor histórico está reconocido. Significa que debería conservarse.

En 2000, CIU ya había presentado una moción para instar al Ayuntamiento a actuar, seguida en 2004 por ERC, que pidió explícitamente acuerdos con los propietarios de la masía para su conservación o restauración, incluyendo Can Gotlla y Cal Masover Nou.

A pesar de estos marcos legales y políticos, la realidad es alarmante. La Torre Gran ha sufrido décadas de abandono progresivo: techos caídos, grietas profundas en las fachadas, ventanas arrancadas y humedades visibles. No hay señal de intervención efectiva. 

La Declaración de Ámsterdam de 1975, citada en el PEPPA de 1985, recordaba que “la preservación de la continuidad histórica en el entorno es esencial para el mantenimiento o la creación de un marco de vida que permita mutaciones brutales de la sociedad”. La Torre Gran es la prueba de que, en Bellvitge, esa preservación no se ha cumplido.

“La Torre Gran no es una ruina cualquiera. Está catalogada oficialmente como Bien Cultural de Interés Local (BCIL) dentro del Plan Especial de Protección del Patrimonio Arquitectónico de L’Hospitalet (PEPPA), concretamente en la ficha nº 99 del catálogo municipal.”

https://www.gencat.cat/territori/consulta_documents/PDU_Biopol_Granvia/1_memoria_DOP_versio_castella.pdf?utm_source=chatgpt.com

El PEPPA es el instrumento urbanístico municipal que identifica los edificios históricos de la ciudad y establece su nivel de protección y las intervenciones permitidas.

https://www.diba.cat/es/web/spal/proteccio-del-patrimoni-arquitectonic?utm_source=chatgpt.com

Este documento corresponde al Plan Especial de Protección del Patrimonio Arquitectónico de L’Hospitalet, aprobado por el Ayuntamiento y vigente desde finales de los años noventa y revisado posteriormente.

https://cido.diba.cat/normativa_local/73441/%26020b2328abed3de4559bb82fb2a1c6fc0c74b6a87d71f57f9fb2c2d70e449a02?utm_source=chatgpt.com



Derrumbe anunciado: la tragedia que nadie quiso evitar

Foto realizada 13 de Marzo de 2026 
Hace pocos días, los fuertes vientos provocaron el derrumbamiento parcial de la Torre Gran


No fue una sorpresa: los informes de entidades patrimoniales ya alertaban del riesgo. La masía presentaba grietas visibles, tejados a punto de colapsar y daños estructurales graves.

Los planes de restauración, anunciados para 2029 o 2031, no llegan a tiempo. La Torre Gran se cae mientras los responsables políticos hablan de fechas futuras. Este derrumbe es una prueba tangible de la negligencia institucional acumulada durante décadas.




Biopol‑Granvia: el futuro de Bellvitge mientras el pasado se derrumba

El Biopol‑Granvia, el gran proyecto de innovación de L’Hospitalet, promete polos de investigación, inversión tecnológica y centros de conocimiento que proyectan la ciudad al futuro. 

Pero el contraste con la realidad de la Torre Gran es brutal: mientras se planean laboratorios y centros de innovación, Bellvitge pierde su pasado agrícola.

Este contraste demuestra que los responsables municipales priorizan la ciudad del futuro...  sobre la preservación del patrimonio, dejando que décadas de abandono conviertan un edificio protegido en ruina visible.

El PDU Biopol‑Granvia y otros proyectos urbanísticos anuncian inversión, innovación y futuro para la ciudad. Pero en paralelo, uno de los últimos vestigios del pasado agrícola de Bellvitge se desploma. La Torre Gran es la prueba palpable de que catalogar un edificio como patrimonio es fácil; protegerlo, conservarlo y garantizar su futuro requiere voluntad política, recursos y decisiones inmediatas, algo que ha brillado por su ausencia.




Promesas vacías: 2031 frente a la ruina de hoy

Durante décadas, los responsables políticos han hablado de restaurar la masía, negociar con propietarios y proteger el patrimonio. Sin embargo, mientras se anuncian proyectos futuros, la Torre Gran se desploma lentamente. Cada grieta, cada muro derrumbado es un recordatorio de que las palabras no sustituyen la acción, y que el abandono prolongado tiene consecuencias irreversibles.


Responsabilidad directa del Ayuntamiento

El Ayuntamiento de L’Hospitalet Llobregat , primero bajo Núria Marín y ahora bajo David Quirós, tenía la obligación legal y ética de proteger los edificios históricos.

La Torre Gran demuestra que la inacción tiene consecuencias visibles. Catalogar un edificio como patrimonio es fácil; conservarlo requiere voluntad política, recursos y acción inmediata.



Cada pared derrumbada, cada teja caída es una bofetada a la historia de Bellvitge y de
 L´Hospitalet de Llobregat y una exigencia de responsabilidad inmediata a quienes han mirado hacia otro lado.




Bellvitge se queda sin memoria

La Torre Gran es uno de los últimos vestigios de la vida agrícola de Bellvitge y la Marina de L’Hospitalet. Su ruina simboliza la desaparición de un paisaje rural que ya casi no existe. Otros edificios protegidos sobreviven con mínima intervención; esta masía, víctima de décadas de abandono, se desploma mientras los responsables siguen hablando de planes futuros.

Hoy, cuando se observa la masía desde la N-II o la Autovía de Castelldefels, lo que queda es un edificio a punto de desaparecer, memoria agrícola de la ciudad resquebrajándose ante la pasividad institucional, y la sensación de que las décadas de promesas vacías han convertido un patrimonio protegido en ruina irreversible.

 Un recordatorio de la negligencia institucional es una llamada urgente a asumir responsabilidades políticas y patrimoniales.


Y una exigencia de responsabilidad inmediata. Porque el patrimonio protegido no puede convertirse en ruina mientras los responsables políticos hablan de fechas futuras. 

Es hora de que las promesas se traduzcan en acción real antes de que todo lo que queda de la Torre Gran se pierda para siempre.














💬 ¿Te habían contado alguna vez esta historia?
Si conoces tradiciones, relatos familiares o curiosidades sobre el pasado de Bellvitge, la Provençana o L’Hospitalet, te invito a compartirlas en los comentarios. La historia local sigue viva mientras se cuenta.



jueves, 12 de marzo de 2026

Los quioscos de Bellvitge : historia, auge y desaparición de un símbolo del barrio (1970‑2026)

 


Durante más de medio siglo los quioscos de prensa de Bellvitge, en L’Hospitalet de Llobregat, formaron parte de la vida cotidiana del barrio. Aquellas pequeñas casetas metálicas situadas en las ramblas, plazas o junto a las escuelas eran mucho más que un punto de venta de periódicos: eran lugares de encuentro, conversación y recuerdos de infancia.

Hoy casi todos han desaparecido. Algunos cerraron hace años y otros están siendo desmontados en la actualidad. Con su retirada se cierra una pequeña pero significativa etapa de la historia del barrio.


 El nacimiento del barrio y la llegada de los quioscos

Para entender los quioscos hay que entender primero la historia de Bellvitge.

El barrio comenzó a construirse a partir de 1964, cuando la zona agrícola situada cerca del río Llobregat empezó a urbanizarse para acoger a miles de familias que llegaban a trabajar a Barcelona.

En pocos años aparecieron grandes bloques de viviendas y, con ellos, los primeros servicios del barrio:

  • Panaderías

  • Bares

  • Pequeños comercios

  • Quioscos de prensa

Los quioscos se colocaban en lugares estratégicos: cerca del mercado, en las ramblas o junto a zonas con mucho paso de vecinos.


 Cuando el periódico era parte del día a día

En los años 70, 80 y 90 el periódico en papel era una parte importante de la vida diaria.

Cada mañana muchos vecinos bajaban al quiosco para comprar el diario antes de ir a trabajar. Allí también se compraban revistas, suplementos o publicaciones deportivas.

El quiosco se convertía así en un pequeño punto de encuentro del barrio. Era habitual ver a varios vecinos comentando las noticias del día mientras esperaban su turno.


 El quiosquero: memoria viva del barrio

Una figura inseparable del quiosco era el quiosquero.

En muchos casos conocía a casi todos los vecinos del barrio. Sabía quién compraba el periódico cada día, quién esperaba una revista concreta o quién estaba siguiendo una colección.

Muchos vecinos recuerdan cómo el quiosquero les guardaba el número de su colección o el fascículo de la semana para que no se agotara.

Para muchos niños del barrio, el quiosquero era también una figura cercana que les vendía cromos o chucherías después del colegio.


 Recuerdos de infancia: cromos, chucherías y colecciones

Los quioscos de Bellvitge no vendían solo prensa.

En ellos también se podían encontrar:

  • Cromos de fútbol

  • Revistas infantiles

  • Golosinas

  • Pipas

  • Pequeños juguetes

Durante los años 80 y 90 tuvieron mucho éxito los coleccionables por fascículos.

Cada semana aparecía una nueva entrega de colecciones que podían durar meses:

  • Enciclopedias

  • Maquetas

  • Miniaturas

  • Cursos de idiomas

Muchos vecinos recuerdan pasar cada semana por el quiosco para recoger el siguiente número.


La época dorada de los quioscos

Entre los años 80 y 90 los quioscos vivieron su mejor momento.

Las ventas de periódicos eran muy altas y las revistas llenaban los estantes. Además, los coleccionables atraían a muchos clientes que acudían cada semana.

En esa época los quioscos estaban siempre llenos de actividad. Era habitual ver a vecinos charlando mientras esperaban su turno para comprar el periódico.


 Quioscos históricos de Bellvitge

A lo largo de las décadas hubo varios quioscos repartidos por el barrio. Algunos de los más recordados por los vecinos estaban situados en lugares muy concretos.


Quiosco de la Rambla de la Marina (frente al  Aldi )

Julio 2024

Marzo 2026

Uno de los más conocidos del barrio. Situado en una zona muy transitada, cerca del metro y del mercado, fue durante muchos años un punto habitual para comprar el periódico o revistas.



Quiosco frente a la iglesia de la Ermita y el colegio Juan XXIII


Abril de 2019

Otro quiosco muy recordado por los vecinos del barrio.

Muchos niños pasaban por allí cuando iban al colegio o durante los paseos por la zona. 



Quiosco del paseo Mare de Déu

Febrero de 2022.
El quiosco del paseo Mare de Déu , uno de los puntos tradicionales de venta de prensa del barrio de Bellvitge, todavía abierto y en funcionamiento.

Febrero de 2022.

Vista del quiosco del paseo Mare de Déu antes de su desaparición. Durante años fue un lugar habitual donde vecinos y niños compraban periódicos, revistas, cromos y chucherías .

Algunos vecinos recuerdan el quiosco situado en esta zona del barrio, conocido por algunos como “el del Paco”Fotografía de Marzo 2026 

Era uno de los lugares donde muchos niños compraban cromos o chucherías después del colegio. Fotografía de Marzo 2026 


El quiosco del paseo de Bellvitge (entre Portugal y Francia)

Lugar donde estuvo el antiguo quiosco de prensa , situado entre la calle Portugal y la calle Francia. Fotografía de Marzo 2026 

Durante décadas fue un punto habitual para comprar periódicos, revistas, cromos y chucherías. Hoy el quiosco ya no existe y el espacio ha sido recuperado como zona peatonal tras la retirada de varios quioscos en desuso en la ciudad. Fotografía de Marzo 2026 

Este quiosco funcionó durante muchos años como punto de venta de periódicos, revistas, cromos y chucherías, algo muy habitual en los quioscos de barrio de los años 70, 80 y 90. Para muchos vecinos era una parada diaria: allí compraban el periódico, el suplemento del domingo o recogían los fascículos de colecciones semanales.



Quiosco junto a la guardería El Passeig

Junio de 2008.
El quiosco del paseo de Bellvitge, junto a la guardería El Passeig, todavía en funcionamiento. Durante años fue un punto habitual para comprar periódicos, revistas, cromos y chucherías para los niños del barrio.

En el paseo de Bellvitge, junto a la actual Llar d’Infants Municipal El Passeig, durante años funcionó uno de los quioscos más frecuentados por las familias del barrio. Muchos padres paraban allí al llevar o recoger a los niños de la guardería para comprar el periódico, una revista o alguna golosina. Con el paso del tiempo y la caída de la venta de prensa en papel cerro . 

Donde una vez estuvo el quiosco junto a la guardería El Passeig. Los adoquines distintos aún permiten apreciar el espacio que ocupaba, un lugar de recuerdos para vecinos y niños .


El quiosco cerró y acabó desapareciendo, quedando solo en el recuerdo de muchos vecinos de Bellvitge.



 El declive de los quioscos

A partir de los años 2000 comenzó el declive de los quioscos.

La aparición de internet y los teléfonos móviles cambió completamente la forma en que la gente consume información.

Cada vez más personas empezaron a leer las noticias en:

  • Páginas web

  • Redes sociales

  • Aplicaciones de periódicos

Las ventas de prensa en papel cayeron rápidamente.


 2026: L’Hospitalet retira los quioscos cerrados


4 de Marzo de 2026, desmontando el quiosco de Rambla Marina ( frente al Aldi ).


4 de Marzo de 2026, desmontando el quiosco  frente a la iglesia de la Ermita y el colegio Juan XXIII . Fotografía del momento en que el quiosco estaba siendo desmontado.

En los últimos años muchos quioscos quedaron cerrados y abandonados en la calle.

El Ayuntamiento de L’Hospitalet decidió retirarlos para recuperar el espacio público y mejorar la accesibilidad de las aceras.

En 2020 ya se retiraron varios quioscos que llevaban tiempo sin actividad. La ciudad había pasado de 75 quioscos a solo 29 en funcionamiento. En la actualidad, solo quedan alrededor de 15 abiertos, muchos combinando prensa con flores u otros servicios.


 Recuerdos de los vecinos de Bellvitge

La desaparición de los quioscos ha despertado muchos recuerdos entre los vecinos del barrio.

  • “Qué pena, el  kiosko  de mi infancia”.

  • “Las veces que compramos ahí revistas y chuches…”.

  • “El del Paco era mi favorito después del cole”.

Algunos vecinos también reconocen que muchos quioscos llevaban años cerrados y que su retirada era inevitable.



 El final de una época… y el comienzo de otra

La desaparición de los quioscos de Bellvitge marca el final de una pequeña historia cotidiana del barrio. Durante décadas formaron parte del paisaje urbano y de la vida diaria de miles de vecinos.


Eran lugares sencillos, casi humildes, pero llenos de vida. Allí se compraban los periódicos del domingo, se recogían fascículos de colecciones que duraban meses, o se pasaba un momento comentando las noticias del día. Pero lo más valioso era lo intangible: los olores del papel, la tinta fresca, las chucherías, las pipas y el caramelo envuelto en celofán; los pequeños ruidos del barrio, los saludos del quiosquero, las risas de los niños… momentos que formaban parte de una vida cotidiana profundamente humana y sensorial, que ahora parece tan lejana.

Con el paso del tiempo, el mundo cambió. Internet, los teléfonos móviles y las redes sociales transformaron la forma en que consumimos información. Las noticias ya no esperan al día siguiente en papel: ahora llegan al instante, en cualquier momento y desde cualquier lugar. Este cambio dejó a muchos quioscos sin su razón de ser, y la venta de prensa en papel prácticamente desapareció.

Sin embargo, su desaparición no significa que desaparezca la vida del barrio. Bellvitge ha demostrado a lo largo de su historia que sabe transformarse y reinventarse. Hoy los retos son distintos: digitalización, nuevos espacios urbanos, convivencia entre generaciones y transformación del comercio de proximidad.

Dicen que cuando muere un abuelo, nace un niño nuevo. Quizás eso sea lo que nos recuerda la historia de los quioscos de Bellvitge: aunque algunos lugares desaparezcan, siempre surge una nueva generación para vivir, recordar y transformar el barrio. Los espacios que ocuparon los quioscos pueden convertirse en puntos de encuentro cultural, nuevos comercios o servicios para la comunidad.

El final de los quioscos marca el cierre de una etapa cotidiana y entrañable, pero no el final del barrio. Bellvitge sigue vivo, con sus vecinos, historias compartidas y memoria colectiva. Los lugares cambian, los quioscos se van, pero los recuerdos, los olores, los sonidos y la esencia humana permanecen. 


 Mientras la historia del barrio continúa, lista para nuevas historias por contar.












💬 ¿Te habían contado alguna vez esta historia?
Si conoces tradiciones, relatos familiares o curiosidades sobre el pasado de Bellvitge, la Provençana o L’Hospitalet, te invito a compartirlas en los comentarios. La historia local sigue viva mientras se cuenta.


jueves, 5 de marzo de 2026

NO MÉS BLOCS: Historia, lucha y futuro del barrio de Bellvitge

 

“Cuando la democracia se sentó en un banco: la voz de Bellvitge contra los bloques”



Origen y nacimiento de la conciencia vecinal

Bellvitge no nació con calma, se levantó a toda prisa. En los años 60, miles de familias llegaron a L'Hospitalet de Llobregat buscando oportunidades, y lo que encontraron fueron bloques, demasiados bloques, construidos con urgencia, sin planificación, sin escuelas, sin centros de salud y con escasos espacios verdes. La vida cotidiana del barrio quedó atrapada entre calles aún por organizar y paredes de hormigón.

Fue en este contexto cuando surgió la conciencia colectiva que dio origen a No Més Blocs. La primera generación de vecinos comprendió algo esencial: la ciudad no solo se construye con ladrillos, también se defiende con participación. Las asociaciones vecinales comenzaron a movilizarse contra proyectos de construcción masiva en plena transición democrática. La consigna era clara: No més blocs. No se oponían a la vivienda; se oponían a la saturación y a la especulación. Gracias a esas movilizaciones, se lograron equipamientos y servicios, y se consolidó una cultura de participación que marcaría la identidad del barrio para siempre.



Reaparece No Més Blocs: 2015 y el PDU Granvia-Llobregat

Décadas después, en 2015, el anuncio del PDU Granvia-Llobregat reactivó la memoria colectiva. 
Nuevos edificios, oficinas, recalificación de suelo y afectación de Cal Trabal pusieron al barrio frente a un dilema: repetir la historia de aceptar planes impuestos o volver a alzar la voz.

No Més Blocs resurgió como plataforma organizada, con un objetivo claro: garantizar que cualquier transformación urbana respetara la dignidad del barrio y el equilibrio ambiental. Su lucha ya no era solo contra más bloques; era por un modelo de ciudad sostenible, inclusivo y participativo.

"No Más Blogs", asamblea vecinal de Bellvitge critica duramente la aprobación del PDU Granvia-Llobregat porque crean es especulativo y tiene la edificabilidad como principal objetivo. También lamentaron la falta de consenso entre vecinos y entidades de la ciudad.




Los parques como “foro vecinal al aire libre” : democracia y participación

La plataforma entendió desde el principio que la participación no podía limitarse a enviar alegaciones.

Por eso las asambleas se organizaron en los parques, donde los vecinos podían informarse, debatir y tomar decisiones colectivas.

Ocurría este viernes 17 Marzo de 2017 a partir de las 17.00 h en la Plaza del Marina Center en el barrio de Bellvitge en una jornada informativa con AVVIBellvitge - Asociación De Vecinos Independiente de Bellvitge, A.V. 5 CALLES DE STA EULALIA DE HOSPITALET DE LL, Red Amarilla L'Hospitalet, Rebelión Bellvitge, Depana - Liga para la Defensa del Patrimonio Natural y CGT Barcelona.

Dos semanas después de la aprobación del PDU, la Asamblea "No Más Blogs" inicia una serie de actos lúdicos para implicar a la ciudadanía y concienciar sobre las posibles consecuencias ambientales y económicas que podría acarrear el plan urbanístico.

Asambleas en las calles 
La "Fiesta del Sol" es una celebración histórica de Bellvitge para reivindicar temáticas de tipo ambiental social y cultural sin perder nunca el ambiente festivo y participativo.

Uno de los momentos más simbólicos fue la elección del logotipo de la plataforma. Varias propuestas creadas por vecinos se sometieron a votación en una asamblea abierta en el Parque de Bellvitge, y la opción ganadora fue elegida a mano alzada. Ese logo no era solo una imagen: representaba la identidad y el compromiso del barrio con su propio futuro.



Alegaciones y control ciudadano: aprendiendo a leer planos

No Més Blocs no se limitó a la protesta visible. 

 La plataforma estudió con detalle los documentos técnicos del PDU Granvia-Llobregat, redactando alegaciones formales que incluían análisis de densidad edificatoria, movilidad, impacto ambiental y afectación sobre Cal Trabal y la zona inundable del río Llobregat.

Vecinos que nunca habían leído planos urbanísticos adquirieron conocimientos técnicos, generando una participación activa y real en la planificación del barrio.

Alegaciones de No Més Blocs: resumen

  • Número total de alegaciones presentadas: más de 1.060 alegaciones contra el PDU Granvia-Llobregat.

  • Motivaciones principales:

    1. Evitar la saturación urbana: la construcción de más bloques habría sobrecargado servicios y espacios públicos.

    2. Protección de Cal Trabal: conservar uno de los últimos espacios agrícolas y verdes de L’Hospitalet.

    3. Riesgo de inundación: parte del terreno afectado estaba en zona cercana al río Llobregat.

    4. Falta de participación ciudadana: exigir más transparencia y consulta real a los vecinos.

    5. Propuesta de alternativas sostenibles: incluir más espacios verdes, equipamientos y mejoras de movilidad.

  • Número de alegaciones formalmente enviadas: todas las 1.060 alegaciones fueron registradas oficialmente ante la administración, convirtiéndose en un hito histórico para un barrio como Bellvitge.

Estas alegaciones no solo reflejaron la oposición a los bloques, sino que demostraron la capacidad técnica y organizativa del barrio para influir en decisiones urbanísticas importantes.



Manifestaciones y visibilidad comarcal


En 2017, la plataforma organizó una manifestación multitudinaria que recorrió Bellvitge con pancartas hechas a mano, consignas y vecinos de todas las edades.

 La acción tuvo eco comarcal y fue recogida por la revista El Llobregat, que posteriormente nominó a la plataforma a uno de sus premios sociales, reconociendo su impacto en el conjunto del Baix Llobregat.

Manifestación "No Más Blogs" #stopPDUgranvia en L´Hospitalet de Llobregat 11.6.2016

Manifestación "No Más Blogs" en L´Hospitalet de Llobregat 16 /09/2017

No Més Blocs se consolidó como un actor social relevante, capaz de unir memoria histórica y acción contemporánea.



Cal Trabal: símbolo de lucha ambiental

El espacio agrícola de Cal Trabal se convirtió en el eje del conflicto. Uno de los últimos terrenos verdes de la ciudad, en zona de transición hacia el río Llobregat, que funciona como espacio de absorción hídrica, área de biodiversidad y memoria agrícola. La defensa de Cal Trabal añadió una dimensión ambiental a la plataforma, convirtiéndola en referente de sostenibilidad y resiliencia urbana.

Preservar este espacio no era un gesto nostálgico; era una estrategia para asegurar que el desarrollo del barrio no se hiciera a costa del equilibrio ecológico.



2020: victoria judicial


En noviembre de 2020, el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya anuló el PDU Granvia-Llobregat, dando la razón a muchas de las alegaciones presentadas por No Més Blocs. La decisión fue un punto de inflexión, demostrando que la movilización ciudadana organizada puede influir en grandes decisiones urbanísticas.



Biopol-Granvia: nuevo reto y futuro incierto


Tras la anulación surgió el PDU Biopol-Granvia, un proyecto de gran envergadura destinado a convertir la zona sur del barrio en un polo biomédico vinculado al Hospital de Bellvitge, con inversión pública y privada, empleo de alta cualificación y un plan de soterramiento parcial de la Granvia.

Las oportunidades son evidentes: desarrollo económico, innovación y creación de empleo. Pero también surgen nuevos retos para la plataforma:

  • Parte del área se encuentra en zonas con riesgo potencial de inundación por proximidad al río Llobregat.

  • La afectación sobre Cal Trabal sigue siendo un punto crítico.

  • La densidad de nuevas construcciones y el impacto ambiental requieren seguimiento constante.

  • El cambio climático aumenta la urgencia de planificar con resiliencia urbana.

No Més Blocs continúa en alerta, vigilando cada modificación y defendiendo la participación vecinal como herramienta clave para que el desarrollo no se imponga sin consenso.



Luchas actuales y desafíos futuros


El presente y futuro de No Més Blocs implica varias líneas de acción estratégicas:


  1. Supervisar el PDU Biopol-Granvia y presentar alegaciones en cada fase.

  1. Defender activamente Cal Trabal y otros espacios verdes frente a urbanización excesiva.

  2. Exigir participación ciudadana real en decisiones de planeamiento.

  3. Evaluar el riesgo ambiental y la vulnerabilidad hídrica de la zona.

  4. Garantizar equilibrio entre desarrollo económico y calidad de vida, evitando gentrificación y pérdida de identidad del barrio.

  5. Renovar la implicación generacional, asegurando continuidad de la plataforma.

La lucha de No Més Blocs ya no es solo reactiva. Es estratégica: influir en un proyecto de gran escala, proteger espacios clave y asegurar que la voz del barrio sea escuchada en decisiones que afectan su futuro.



Hacia dónde va la plataforma


No Més Blocs representa la combinación de memoria histórica y acción contemporánea.

Su futuro depende de mantener la participación activa de los vecinos, de vigilar cada fase del Biopol-Granvia, de defender Cal Trabal y de adaptar su estrategia a nuevos retos climáticos y urbanos.

Aunque los retos son más complejos que en los años 70, la plataforma cuenta con ventaja: la experiencia acumulada, la cohesión del barrio y la capacidad de transformar la protesta en conocimiento técnico y acción efectiva.

No Més Blocs seguirá siendo el referente del sur de L’Hospitalet, un ejemplo de cómo un barrio puede organizarse, defender su territorio y proyectar un modelo urbano sostenible y participativo para las próximas décadas.














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