1948 · Una ciudad que presiona al campo

La imagen muestra las cajas para las lechas y escarolas en la Marina.

Foto tomada en 1948 : ciclistas paseando por el camino del Rec Brut, en el sector de la Marina ,foto del libro -cuadernos de estudios sobre dos ruedas bicicleta en Hospitalet,1900-1996
Casa de los Camprabí al lado Cal Benet Valls foto 1948

Comunión por el camino de la Perellada ,Carmen Aragall, Eulalia Mullerac y la nena Teresa Aviles al fondo las casas del Trebal .
1948 en L’Hospitalet de Llobregat: industria y transformación de Bellvitge
En 1948, L’Hospitalet de Llobregat comenzó a expandirse sobre el territorio rural. Los campos de Bellvitge seguían siendo productivos, pero la urbanización y el crecimiento industrial ya se dejaban notar.
Cada vez más personas optaban por trabajar en fábricas: no solo por el salario, sino por la seguridad de una semana laboral estable.
Mientras tanto, el campo perdía trabajadores, y Bellvitge, aunque todavía rural, mostraba signos de transformación hacia un futuro barrio urbano.
Este año marca un momento clave en la historia de L’Hospitalet y Bellvitge, cuando la agricultura convivía con el impulso industrial, y la vida cotidiana de los vecinos empezaba a cambiar de manera definitiva.
El delta del Llobregat: “una bendición providencial” para la economía agrícola
En un testimonio del jesuita Francesc Iverm, se describe cómo, en los años en que L’Hospitalet de Llobregat aún era un pueblo pequeño, el delta del Llobregat funcionaba como un verdadero motor económico agrícola para Barcelona:
“Aquest delta és una benedicció providencial, posa’t a les ports de Barcelona. Durant la nit, ja poques hores de l’alba, llargues cues de carros i camions transporten a mercats barcelonins els productes de les hortes del Llobregat direcció a Barcelona, en l’actualitat la capital, amb la seva demanda creixent és el puntal més important de l’economia agrícola d’aquesta ciutat.”
El relato muestra cómo las huertas del Llobregat y los campos que hoy forman Bellvitge eran fundamentales para el abastecimiento de Barcelona, con productos frescos transportados diariamente en carros y, más adelante, en camiones. El río Llobregat y sus acequias eran la columna vertebral de esta agricultura intensiva, mientras que Hospitalet seguía siendo un núcleo pequeño, rodeado de campos fértiles que servían de eslabón entre la producción agrícola y la capital catalana.
Este testimonio es clave para entender:
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La importancia estratégica del delta del Llobregat para la economía agrícola local y metropolitana.
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Cómo Bellvitge y la Marina formaban parte de un sistema agrícola que abastecía Barcelona mucho antes de su urbanización.
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La relación entre territorio rural y desarrollo urbano, y cómo la proximidad a Barcelona fue una bendición para los campesinos de la zona.
En resumen, el relato de Francesc Iverm nos ayuda a visualizar la vida rural de L’Hospitalet y Bellvitge en la primera mitad del siglo XX, mostrando la interdependencia entre la agricultura y la ciudad, y cómo los campos del Llobregat eran cruciales para la supervivencia y el desarrollo económico de la región.
Bellvitge y L’Hospitalet en 1950: huertas, trabajo y los inicios de la urbanización
Masiá Cal Conchita foto de 1950 .
En 1950, L’Hospitalet seguía siendo una ciudad obrera marcada por la posguerra. No se vivía bien, pero se había aprendido a resistir.
Bellvitge aún no existía como barrio, pero su tierra había alimentado a generaciones. Cuando llegaron los bloques años después, muchos sabían que bajo el cemento había memoria.
Joaquín Camprecios, fue alcalde ,una de las autoridades municipales de L’Hospitalet de Llobregat en la década de 1950, en plena posguerra, cuando la ciudad empezaba a reorganizarse tras los años de conflicto y escasez.
En la fotografía conocida de la época , alrededor de 1950 , aparece Camprecios junto a otras personalidades en un acto relacionado con ese patronato y la mejora de la ermita, lo que refleja una mirada institucional hacia patrimonio, religiosidad popular y cultura local después de la guerra.
La etapa de posguerra con Camprecios al frente del ayuntamiento coincidió con una transformación profunda del suelo de L’Hospitalet y sus alrededores: la pérdida progresiva de terrenos agrícolas de la Marina, incluyendo lo que después sería Bellvitge, debido a la presión urbanística e industrial. Esto marcó una evolución de una ciudad con fuerte base rural hacia un municipio en crecimiento urbano e industrial.
Aspectos positivos atribuibles a su gestión:

Pintura del arco triunfal en avanzado estado de ejecución de la ermita Bellvitge 1950 ( foto hoja parroquial ).

Restauración del campanario de la ermita de Bellvitge 1950 .
Aspectos que pueden considerarse criticables:
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Su etapa también estuvo en un momento de gran transformación del territorio, en el que gran parte del suelo agrícola fértil acabó perdiéndose ante la expansión urbana e industrial, lo que con el tiempo debilitó la base rural y agrícola que había sostenido históricamente los barrios cercanos como Bellvitge.
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Como otros alcaldes de la época franquista, su gestión se movía en un marco de represión política, control municipal desde el régimen y poca participación ciudadana real, características de los gobiernos locales de esa década.
1950 – El máximo esplendor de la agricultura en L´Hospitalet de Llobregat y la caída definitiva
Diferentes momentos de la vida de pages en la Marina durante los años 50 ,estas fotos se pueden ver los originales expuestos en el museo de historia de Hospitalet .
La fertilidad de las tierras venía propiciada por la aportación de sedimentos del rio Llobregat cuando se desbordaba.
Una imagen evocadora de un Pages trabajando ,donde se ve un pages , conduciendo els Matxos que arrastraban ,caballos o burros para cultivar y remover la tierra, al fondo una vista de la montaña de Montjuic que permite ver la extensión de las tierras dedicadas a la agricultura.
Una masía de la Marina envuelta de sus campos foto hecha sobre la década de los 5o .
Foto hecha en torno a 1950 muestra la extensión de los campos de cereales y forrajes que había en la Marina -foto L´A

Sárries , llenas de alcachofas antes de ser seleccionadas y encajadas foto´ L ´ A

Transporte de verduras con camión en la estación de Hospitalet ,hasta 1936 se hacia con carros foto L´A 
Cargando con tractor las cajas dentro del vagón verduras de la Marina en la estación de Hospitalet

En 1950, L’Hospitalet de Llobregat era una ciudad en transformación. Tras más de diez años de posguerra española, la vida cotidiana seguía marcada por la escasez, la precariedad laboral y el miedo a la represión franquista. La población trabajadora vivía jornadas largas en fábricas e industria, con salarios bajos que apenas alcanzaban para cubrir necesidades básicas.
Las tensiones sociales empezaban a notarse: los obreros reclamaban mejores condiciones, aunque cualquier protesta era vigilada y reprimida. Las familias compartían espacios pequeños, los niños ayudaban desde temprana edad, y las mujeres sostenían la vida del hogar, cuidando a los hijos, cocinando con lo justo y reutilizando ropa y alimentos.

Imagen tomada en los años 50, las mujeres que trabajaban la escarola lo hacían sentadas ya que el trabajo era más laborioso y la verdura pesa ,en cambio las que preparan las lechugas lo hacen de pie ,arreglando verdura en la Marina (L´ Abans).

Vista de Hospitalet desde los campos de la Marina (foto 1950 L'A ).

1950 es un año clave en la historia de Bellvitge y L’Hospitalet.
Y, al mismo tiempo, el inicio de su desaparición definitiva.
La paradoja es clara:
👉 cuando el campo alcanza su máximo esplendor, empieza a morir.
Pagases en la Marina 1950
1950 la maquina de Cal Salvado .

Mientras tanto, Bellvitge seguía siendo un territorio rural, con campos, huertas y masías que aún abastecían de alimentos a la ciudad. Sin las huertas del Llobregat, muchas familias no habrían podido sobrevivir. Sin embargo, la agricultura ya estaba en su máximo esplendor y comenzaba a perder manos: los jornales agrícolas seguían siendo una opción, pero muchos campesinos empezaban a vender parcelas ante la presión del crecimiento urbano y la especulación del suelo.

Batida de cereales en la Marina ,escenas de vida cotidiana .

Hombres trabajando la mongetas , un tipo de cultivo muy abundante en la Marina .
1950 – La ciudad avanza y el campo cede terreno
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L’Hospitalet de Llobregat crece lentamente, recibiendo nuevos vecinos en busca de trabajo.
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La industria atrae mano de obra, pero los salarios siguen siendo bajos y la vida precaria.
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Bellvitge mantiene su agricultura, pero la tierra empieza a ser más valorada por su potencial urbanizable que por su producción.
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Los refugios y memorias de la guerra siguen presentes, recordando a los vecinos los años recientes de violencia y represión.
En resumen, 1950 fue un año de transición en L’Hospitalet y Bellvitge: la ciudad consolidaba su carácter industrial, las tensiones sociales eran visibles y la vida cotidiana estaba marcada por trabajo, solidaridad familiar y supervivencia. Bellvitge, aún campo, empezaba a intuir su transformación futura en barrio urbano, anticipando la gran expansión de L’Hospitalet de Llobregat en los años siguientes.
Urbanización y barroquismo en L’Hospitalet de Llobregat (años 40-50)
Ya antes de la Guerra Civil Española, en la zona del Torrente Gornal se habían iniciado pequeñas urbanizaciones, como Ceravalles, La Granota, Les Coves y Els Valencians. Estas primeras viviendas planificadas fueron el inicio del crecimiento urbano de L’Hospitalet de Llobregat, en un entorno todavía semi-rural.
Durante los años 1940 y 1950, la ciudad empezó a recibir nueva población que buscaba trabajo en Barcelona y oportunidades de vida tras la posguerra. Muchos de estos vecinos no tenían acceso a viviendas formales, por lo que surgieron asentamientos de barroquismo y autoconstrucción, especialmente en zonas como Samontà, cerca de lo que hoy es Bellvitge.
Mientras que las urbanizaciones planificadas ofrecían cierta estabilidad, el barroquismo se convirtió en la solución más extendida para miles de familias trabajadoras. Este fenómeno marcó la historia urbana y social de L’Hospitalet, y explica por qué barrios como Bellvitge y sus alrededores crecieron primero de manera informal antes de consolidarse en las décadas siguientes.
El Aplec de Bellvitge: tradición, comunidad y Pascua en L’Hospitalet
Calle Aprestadora y de Pi y Margall en 1950 Teresa y Carmen Alcacer,Mari Panchame,Herminia Farré ,Eulalia Batllo
En 1950, la ermita de Bellvitge seguía siendo el centro de la vida social y religiosa de los habitantes de los campos y masías de la Marina, en lo que hoy sería el barrio de Bellvitge. La mayoría de los vecinos rurales regresaban a casa tras el Aplec de Pascua, ya que la ermita estaba cerca de sus hogares.
Sin embargo, el Aplec de Bellvitge también atraía a personas de otros pueblos de la comarca, que lo vivían como un evento especial y diferente, fuera de la rutina diaria. Con misa, caremelles y sardanas, estos encuentros combinaban religión, tradición y convivencia, consolidando al aplec como una fiesta popular destacada y un símbolo de memoria histórica en L’Hospitalet de Llobregat .
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Ballets infantiles para el Aplec de Pascua en Bellvitge-foto 1950 L´A.
Desde tiempos antiguos, la ermita de Bellvitge en L’Hospitalet de Llobregat ha sido un santuario de referencia para los vecinos y campesinos de la Marina. A lo largo del año, había dos momentos especiales en que la ermita se convertía en punto de encuentro:
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15 de mayo, festividad de San Isidro, patrón de los labradores y de la gente del campo.
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Lunes de Pascua, con el tradicional aplec de la Pascua Florida.
La Pascua Florida y los aplecs en Cataluña
Los aplecs eran reuniones populares al aire libre, muy habituales en toda Cataluña desde principios del siglo XX, donde centenares de personas se desplazaban desde diferentes pueblos de la comarca.
El lunes de Pascua era un día muy especial, dentro de un periodo festivo de cinco días que iba desde la Pascua de Resurrección hasta la Pascua de Pentecostés, y estaba marcado por:
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Misas y actos religiosos en la ermita de Bellvitge
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Cantadas de caremelles, con participación de grupos infantiles parroquiales
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Visitas a casas de pagès de los alrededores
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Sardanas, con colles de niños y niñas que esperaban este momento con ilusión
A medida que avanzaban los años, especialmente hacia los años 60, las salidas en coche y otros cambios sociales transformaron ligeramente estas tradiciones, pero el espíritu de encuentro y convivencia se mantuvo.
La organización y la solidaridad local
Los administradores de la ermita eran los encargados de convocar a la gente y recaudar fondos para cubrir los gastos de los actos, como pagar la cobla para las sardanas o realizar mejoras en la ermita.
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Se repartían estampitas y medallitas a los asistentes, quienes a cambio dejaban donativos voluntarios.
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En una ocasión, la recaudación fue tan buena que permitió adquirir un órgano para la ermita, un ejemplo del esfuerzo colectivo de los vecinos.
El valor social y cultural del aplec de Bellvitge
Los aplecs y fiestas de Pascua no eran solo eventos religiosos, sino también espacios de encuentro social.
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Vecinos de distintos pueblos de la comarca se conocían y formaban lazos afectivos, que a veces terminaban en amistades, noviazgos e incluso matrimonios.
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La tradición ayudaba a reforzar la identidad cultural de la Marina y de Bellvitge antes de su transformación urbana.
En resumen, el aplec de la Pascua Florida en la ermita de Bellvitge fue durante décadas un símbolo de comunidad, tradición y memoria local, uniendo religión, música, danza y convivencia en el corazón de L’Hospitalet de Llobregat.
Cierre. La posguerra en L’Hospitalet y Bellvitge (1940-1950)
La posguerra en L’Hospitalet de Llobregat no fue épica ni heroica.
Fue cotidiana.
Fue trabajo duro, hambre persistente, miedo silencioso y también solidaridad entre vecinos.
Durante los años cuarenta, la ciudad sobrevivió como pudo: fábricas con jornadas interminables, colas para conseguir pan, ropa remendada y una población que aprendió a resistir sin hacer ruido. No se trataba de vivir bien, sino de aguantar.
Y en los campos de Bellvitge, antes de ser barrio, se sostuvo una parte esencial de esa supervivencia. Las huertas, el regadío y el trabajo agrícola permitieron alimentar a muchas familias de L’Hospitalet en los años más duros de la posguerra española. Bellvitge fue entonces campo, masías y acequias, no bloques ni avenidas.
Paradójicamente, cuando la agricultura de la Marina alcanzó su máximo esplendor hacia 1950, comenzó también su final. La presión urbana, la industria y la especulación del suelo transformaron para siempre un paisaje que había sido clave para la vida cotidiana de la ciudad.
Antes de que el cemento lo cubriera todo,
antes de que las acequias desaparecieran,
Bellvitge fue campo, trabajo y supervivencia.
Lo que hoy es barrio fue durante décadas vida cotidiana silenciosa, y recordar esa década no es mirar atrás con nostalgia, sino entender de dónde venimos.
Porque bajo las calles de L’Hospitalet,
y bajo los bloques de Bellvitge,
hay memoria.